Sacred Cross' Castle
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Sacred Cross' Castle

Finales del siglo XIX. El nuevo milenio se acerca inexorablemente, así como la amenaza del fin del mundo. La oscuridad llega a su máximo apogeo y para remediarlo, el Castillo de la Sagrada Cruz se alza con orgullo, dispuesto a luchar
 
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 El río del Castillo

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Alicia Schwartz
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Alicia Schwartz
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MensajeTema: Re: El río del Castillo   El río del Castillo - Página 3 Icon_minitimeDom Ago 02, 2009 2:24 am

El río...
En algún otro momento, hasta me habría reído de mí misma. Pero ahora no... ahora no eran risas las que pugnaban por salir, no, ahora...
Grité.
Grité con furia, con ira, con la más implacable cólera. Quise que las aguas se apartasen al paso de mi rugido, quería que las estrellas se escondieran tras el amanecer, atemorizadas ante mi condena. Por ello, seguí gritando con rencor, con incredulidad, grité porque me habían tomado por imbécil, grité porque quizás realmente lo fuera, grité mi dolor al mundo, le hice saber de mi incomprensión para que el viente me trajera respuestas. Grité por mi corazón que no aguantaba más, grité también por el de Galadriel, que se me había escapado totalmente de las manos. Grité por el mundo, por mi suelo derruido desde mi nacimiento, por mi tierra firme apenas existente desde que había llegado aquí.
Con los ojos cerrados, brazos cruzados y las uñas clavadas en mis brazos, lo seguí haciendo un rato...
Y finalmente, callé, con la voz quebrada.
Con la respiración entrecortada, me atreví a abrir los ojos, quizás con la esperanza de que el mundo hubiese cambiado ante mis imperiosas quejas.
Nada.
Solamente una silueta bañándose en el agua, una silueta algo difusa en la familiariedad.
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C'iel Millenium
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MensajeTema: Re: El río del Castillo   El río del Castillo - Página 3 Icon_minitimeDom Ago 02, 2009 2:36 am

Los labios morados. El cuerpo helado, dolorido ahora también por el agua fría. Las heridas húmedas, blandas, y yo cada vez con menos ropa, menos vestido... Seguramente mi aspecto era lamentable. Tuve la vaga consciencia de que el chico que me acompañaba ratos antes se marchaba, pero yo seguí en el agua. Mirando las corrientes de agua, abajo, arriba, como cambiaban a cada rato, pero todas siguiendo el mismo curso. Como remolinos de agua me rodeaban y me abrazaban con sus manos heladas para luego marcharse. Toqué la superficie del agua y me gustó la sensación. Era como tocar algo biscoso que más tarde se convertía el fluído líquido completamente cuando dejaba caer la mano. Y la mano tocaba la corriente y me preguntaba si debía dejarme correr por ella. Dejar mi vida fluir por una de esas corrientes. Y entonces, cuando me dí la vuelta en uno de mis muchos giros en el río, alguien gritó. Y yo me quedé quieta, aguanté la respiración, agudicé la percepción de mi alma y cerré los ojos. Aquella corriente sonora hizo vibrar mi ser. Hizo tocar mi alma, hizo que mis oidos quisieran dejar de escuchar y sin embargo, una fascinación que no encontraba motivo dominaba cada uno de mis actos, cada uno de mis pasos que hacían acercarme un poco más a aquella voz que descargaba la condena de su vida. Hasta que llegué a la orilla. Hasta que el grito cesó, pero mis ojos seguían fijos en ella. Mi mente seguía vacía de cuestiones importantes como el futuro o las reflexiones interiores que solían llevarme a todas aquellas preguntas. Sin respuesta. O con respuesta dificil. Mi mente solamente estaba llena del eco de aquellas palabras monocordes. Convertidas solo en una, en un grito.
De pronto me di cuenta que no podría salir sola del río porque las piernas me pesaban. Y el cuerpo apenas reaccionaba del frío, asique miré a la chica y con mi mano derecha aún enguantada, la extendí hacia ella, en una muda petición.
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MensajeTema: Re: El río del Castillo   El río del Castillo - Página 3 Icon_minitimeDom Ago 02, 2009 2:55 am

Vi como la chica levantaba una mano, estirándola hacia mí. Me la quedé mirando, sin decir nada, simplemente quieta, amparada cruelmente por el frío de las noches de Inglaterra. Y entonces... entonces reí. Reí mucho.
¿Qué era aquello? ¿Aquella mano pidiendo que me acercara al agua? ¿Podía ser una visión? ¿Una jugada de mis subconsciente, ahogado en las llamas de mi incendio interior, que luchaba por adormecerme gélidamente en el río de tentadoras aguas? Me reí todavía más, dando un paso adelante. ¿Era esto lo que llamaban señales? ¿Un demonio seducido por la destrucción de mi canto? ¿Un ángel resignado ante la incoherencia de mis tonos? ¿Me lo estaba tomando demasiado en serio? ¿Por eso pasaban ese tipo de elucubraciones en mi mente? Realmente... ¿Me estaba condenando a mí misma? ¿Conscientemente... y voluntariamente?
Antes de darme cuenta, mis dos botas se habían hundido en el agua, y el frío me arrebató el aliento y la risa. Mi rostro se quedó impasible, pero mi mano se mostró amable, mejor dicho... curiosa, y se acercó a los dedos enguantados de ella.
-Si tu mano va a desvanecerse en cuanto la roce, házmelo saber ahora. Quizás pueda caerme buscando tu tacto inexistente, y ya que no sabría si mi cordura se perdió por el camino, no quisiera perder la calidez de mi atuendo -murmuré, con un brillo febril oscureciendo mis ojos.
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MensajeTema: Re: El río del Castillo   El río del Castillo - Página 3 Icon_minitimeDom Ago 02, 2009 6:06 pm

Estaba empezando a pesar que en aquel castillo, donde el Apocalipsis nunca llegaría, mi vida se mezclaba con la de las otras personas de un modo complicado, profundo. No existían ni las relaciones ni las palabras banales.
-No puedo afirmar que seais real, solo tengo consciencia de mi propia alma. Y de mi cuerpo- argumenté-. Pero lo que se puede desvanecer es la muda petición de ayuda. Alomejor es su mano la que se deshace en el espacio y es producto de mi mente. Ahora mismo no soy capaz de distinguir lo real de lo fantástico, aunque siempre he creido que vivía en la irreabilidad...-comenté, fijando los ojos oscuros en los suyos violeta. De pronto me dí cuenta de quien era-... Chica de la voz irritante, pero de ojos bonitos- concluí, con una pequeña sonrisa en los ojos-. Ahora no me molesta tanto, tranquila. De hecho, creo que... su "voz" me ha llegado por fín a los oidos.
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MensajeTema: Re: El río del Castillo   El río del Castillo - Página 3 Icon_minitimeDom Ago 02, 2009 6:48 pm

Finalmente, me atreví y agarré su mano, colocando un pie en tierra firme, y empezando a arrastrarla amablemente conmigo. Me estremecí, la mano enguantada estaba fría, gélida por el agua, y no obstante, a través de la tela me subió un cosquilleo cálido, bueno, no cálido, más bien... algo que chamuscaba... nada especialmente agradable, pero tampoco repulsivo, sólo...
Mi ceño se frunció levemente.
Algo con lo que tener cuidado, la esencia del peligro que podía llevarte al éxito o condenarte a la miseria.
Pero dado que en aquel momento tampoco me habría importado demasiado tirarme de cabeza ante el primer precipicio encontrado, acepté su mano, y la estreché con mayor fuerza, acabando de quitarla de las aguas.
-Bien, nadie se ha desvanecido, aunque... -oh, sí, Alicia había perdido la firmeza de su tierra, ella tampoco habría podido jurar por dónde andaba su realidad... si todavía existía- Tendremos que quedarnos con la incógnita de si acabamos de ser reales o no. Quizás ambas flotemos en la irrealidad, quizás baste con creer para convertir algo en "real" -oh, diablos, estaba hablando demasiado, y la cabeza empezaba a darme vueltas.
-Mi voz... -sí, el peso de mi grito habría arrollado a cualquier sordo u hombre de roca- Bien, me alegra que mi verdadera voz no le moleste ya, porque no me gusta callarme -y en el siguiente instante, mi ceño se frunció un poco más, por fin cayendo en aquellas palabras- ¡Ah! Ah... ¿Esta es la segunda vez que nos vemos, verdad?
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MensajeTema: Re: El río del Castillo   El río del Castillo - Página 3 Icon_minitimeMar Ago 11, 2009 4:00 pm

Miré largamente a la chica que me tendió su mano, la estreché y noté que cierto calor se impregnaba en mi empapado guante. Con aire meditativo, me dejé arrastrar, obligando a mis propios miembros a que se moviese, que despertasen, que reaccionasen... No en vano, si me quedaba allí, todo acabaría mucho antes de empezar. Y tal no era mi deseo.
-Mas vale que de tus labios salgan palabras buenas, y formadas, porque no soporto las que no dicen nada...- comenté, mientras, finalmente, llegábamos a tierra. Sin embargo, sin saber exactamente bien como, tropecé y caí encima de la chica de voz cambiante, de los ojos bonitos, del pelo verde. Jadeé mientras, con frío, tiritaba encima de aquella estufa de calor, aunque fuese leve, aunque ella también sufriese el frío que nos envolvía por el mero hecho de estar en el río, estaba más caliente que yo. Acabé encima suya, mientras la miraba ligeramente sorprendida-. Eh... Creo que si, que no es la segunda vez que nos vemos. ¿Contenta por ello?- dije, sin rentintín, pero con cierta diversión.
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MensajeTema: Re: El río del Castillo   El río del Castillo - Página 3 Icon_minitimeMar Ago 11, 2009 9:32 pm

Gozando de mi lustrosidad y mi reputación, hice acto de presencia- además de teatral- en el lugar donde había tenido encuentro con las más extrañas anomalías. El suicidio nefasto de Alicia para alcanzar la libertad, las miradas hacia las estrellas y su referencia a ellas de C'iel... sí, era extraño, pero también aquél lugar rezumaba una magia imposible de ignorar. Quizá fuera su atracción a la vista, quizá solamente, éramos nosotros quienes escogíamos el lugar y el momento para aparecer súbitamente y echar por tierra todo nuestro mundo. Observar cómo se derrumba no es un hecho, precisamente, agradable. Es austero y despide desconfiaza. No, no se puede pedir algo como una mano salvadora cuando sólo la más absoluta oscuridad te rodea. No, tampoco puedes elegir escoger el camino que diseñaron para ti cuando te mueres por saltar al sendero de al lado.
Me dejé caer en la orilla, con las ondulaciones de la corriente del agua acariciando mis botas hasta las rodillas. Ajusté los cordones más firmemente, antes de detenerme a contemplar mi reflejo cristalino en el río, con aquella extraña marca que surcaba mi ojo izquierdo.
Ah, gracias papá, eso fue por ti.
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MensajeTema: Re: El río del Castillo   El río del Castillo - Página 3 Icon_minitimeMiér Ago 12, 2009 2:30 pm

Tosí levemente, aún encima de la señorita que me había ayudado a salir del agua. La miré fijamente durante unos minutos, en los que no dije nada, pero de pronto, noté el viento en mi cuerpo y al mirar hacia él, me sorprendí, ya que apenas me cubría unos jirones de ropa. Las lágrimas acudieron a mis ojos, por el vestido desaparecido. Mi dorado... mi dorado... Aún encima de ella, cerré los ojos, para contenerlas. Definitivamente nada de lo que podría amar se quedaría mucho tiempo conmigo. ¿Donde estaba Arrogancia? Manteniendome firme, me retiré de encima suya y me senté a su lado, todavía temblando por el frío. Tenía frío, asique, obviamente, se lo hice saber.
-Estoy helada- comenté, sin alzar la voz-. Y no tengo ropa.
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MensajeTema: Re: El río del Castillo   El río del Castillo - Página 3 Icon_minitimeVie Ago 14, 2009 5:35 pm

Enarqué una ceja, mientras seguía tirando de ella.
-No temas por ello -informé con firmeza, seguridad y un añadido de indiferencia por si en algún momento llegaba a creer que mis palabras carecían de alma-. Soy la primera que tan sólo habla cuando tiene algo que decir. Si todo el mundo hiciera lo mismo... -no me molesté en terminar la frase, seguramente ella fuera más consciente que nadie de los perjuicios que provocaban las palabras superfluas o, en el peor de los casos, desalmadas por la hipocresía. De todos modos, de haber querido, me habría sido imposible continuar hablando, pues en los próximos segundos, mi resquebrajado mundo perdió el poco equilibrio que le quedaba. En un visto y no visto, me hallaba prisionera, atada a la humanizada tierra gracias a la notable, aunque no colosal, presión que ejercía el cuerpo de la chica sobre el mío.
No pude evitarlo, me estremecí, menos por el dolor de la caída y más por el hecho de que su cuerpo prácticamente desprovisto de atuendo incidiese directamente en mi piel, enfriándome con su humedad y no obstante, caldeándome con una guerra interna en la que dos fracciones luchaban por mantener el control sobre la más grande parte de mi mente. ¿Cómo definirlo? ¿Cómo explicar el hecho de que ese fuego podía ser agradable y no obstante, su oscuro color incitaba al retroceso... tanto como a perderse en él?
-¿Contenta? Dame tiempo -exigí más que pedí, exasperadamente divertida ante el hecho de que sus palabras no hacían más que cuestionar una y otra vez el dilema que seguía planteándome-. No me gustan los prejuicios. Subestimarte podría ser un error, y sobreestimarte otro mucho peor -me limité a decir, mientras ella se apartaba de mí con un mirar que hasta logró conmoverme. Entrecerré mis ojos, cuando escuché su queja, y me di cuenta de que su aspecto no ofrecía ninguna resistencia al frío.
-Ya veo -solté, preguntándome si ser amable no sería una avanzadilla demasiado arriesgada o estúpida. Bueno, por una minucia como prestar mi chaqueta no iba a colocar mi cuello en la guillotina, ¿no? Así que me la quité, tendiéndosela, y levantándome con mis brazos únicamente protegidos por la etérea tela de mi oscura blusa.
-Vayamos al castillo de todos modos. El agua es un infiltrado peligroso aún con el más tupido abrigo -la miré de reojo, invitándola a incorporarse también con una mano mía tendida hacia ella. A mi pesar, su aire peculiarmente infantil, aparentemente tan indefenso, entremezclado con el desequilibrado sentimiento que me inspiraba... era difícil no ceder.
Y era todavía más díficil no ceder y perder el poco aplomo que me restaba cuando una demasiado conocida mata de pelo color nieve se asomaba a una distancia peligrosamente cerca de mi persona. Y recordé mi incredulidad y mi dolor, recordé mi anterrior rugido ante mi estupidez y la suya, recordé mis promesas y mi abandono, sus lágrimas y las mías, recordé sus sentimientos y su sombra tan oscura como falsa, recordé lo fácilmente que me había asustado, recordé como había intentando entederlo, quizás lográndolo. Recordé que...
No, preferí no recordar, y me limité a vivir, dejando atrás el presente para reparar un futuro todavía inexistente. Instando a la chica a seguirme con una mirada más que apurada, eché a andar ciega de determinación.
-¡¡¡¡TÚ!!!! -aullé, casi tropezando en mi violento caminar. Un vestido como el que llevaba no era lo mejor para paseos por las altas hierbas que rodeaban el río- ¡Cada día me lo confirmas más! ¡Cada día estoy más segura de que eres el espécimen humano más estúpido que pisó esta tierra! -le grité, posando mi puño cerrado sobre su cabeza, todavía pudiendo observar únicamente su espalda. No lo hice con fuerza, o por lo menos no demasiada, pero a partir de ahí empecé a aumentar la presión, haciéndole saber que no podría huir de mi ira ni de su salvación- ¡Y el mismo hipócrita de siempre! ¡Temerario! ¡Cegado! ¡Sacrificado hasta lo enfermizo! ¡¡SI TE DUELE, GRITA, MALDITA SEA!! -mi fuerza aumentó, y fue tremenda mi voluntad al no ceder ante el deseo de estrangularlo allí mismo- ¡Jugaste conmigo y de las peores maneras! ¡Jugaste conmigo poniéndote a ti mismo en juego! ¡¡¡ES QUE TIENES QUE MATARTE POR DENTRO DE ESTA FORMA TAN HORRIBLE!!! -pregunté, mientras ambas manos mías descendían por su cabeza, luego rozando su cuello, y finalmente, zarandeándolo por los hombros- ¡Me hiciste daño, y lo peor de todo, es que tú también te lo hiciste a ti mismo! No, realmente... ¿Ese era tu objetivo no? Seguir aislándote, seguir llorando en soledad hasta que... hasta que... no pudiste aguantar más, ¿verdad? ¡No pudiste aguantar más y yo lo vi, gracias a los dioses lo vi y supe creer en tu verdadera cara! ¡DEJA DE MALTRATARTE, MALDITO MASOQUISTA DE TRES AL CUARTO! ¡No te hundas en unas sombras que tú mismo estás creándote! ¡Y no te atrevas a intentar arrastrarme en tus tinieblas, ni lo intentes! ¡Porque no voy a creer en tus teatros personales! ¡No voy a creer en la sombra, no, ya no...! Porque... porque... ¡Sí, lo admito! ¡Perdí una batalla, fallando en mi propia fe! ¡Me sentí tan frustrada y... y...! -¿dolida? sí, pero no iba a volver a decirlo- Que quise mandarte al infierno... ¡Pero eso no volverá a ocurrir, porque ganaré la guerra, maldita sea! ¡CONFIARÉ EN ESE ROSTRO QUE ME MOSTRASTE EN ESTE MISMO LUGAR AQUELLA NOCHE YA PASADA! ¡SÓLO EN ESE ROSTRO! ¡SÓLO EN GALADRIEL! ¡Sólo en ese Galadriel que si nadie lo salva, lo haré yo! -ya había parado de gritar, de zarandearlo, ahora... me enfrentaba al ridículo y seguramente a la próxima réplica de Galadriel, pero, ¿qué más daba? Yo... yo ya estaba volviendo a alzar los cimientos de mi castillo, en una base bien firme, podría con todo... o eso quería creer, mientras mis manos se aferraban fuertemente a sus hombros, levemente temblorosas ante el esfuerzo.
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MensajeTema: Re: El río del Castillo   El río del Castillo - Página 3 Icon_minitimeVie Ago 14, 2009 9:09 pm


Ajeno completamente a mi alrededor, bajé la mirada para seguir observando mi reflejo en el lago. Cada vez me parecía más austero y apático, más falso y manipulador, más negro y oscuro. ¿Por qué? Estaba completamente seguro de cuál era mi camino, de hacia donde había de llegar. Era el legado de mi familia, era mi herencia, por maligna y retorcida que fuese, no iba a poder evitar lo inevitable, no puedo rechazar lo irrechazable. Supongo que tampoco se puede hacer realidad lo que nunca existió. Entonces... ¿que sucedió la noche anterior? ¿Y por qué? Sí, había perdido el autocontrol, ¿pero de verdad estaba tan ciego como para engañarme a mí mismo? No, esta vez no había tratado de crear una mentira sobre mis actos, no, una parte de mí me decía que ya era inevitable lo que había sucedido, que no podría esquivar las repercusiones, que ya era demasiado tarde. ¿Pero por qué? ¿Por qué no limitarse a seguir caminando? ¿De verdad era yo tan sumamente estúpido como para haber colocado un pie fuera del sendero?
No, quería creer que no había sido culpa mía, que la acusación recaía sobre los ojos violáceos de Alicia, había sido ella quien había cautivado y hechizado eso que los demás llaman corazón, había sido quien me había manipulado a fin de... ¿a fin de qué?
Despierta cacho imbécil, ha sido todo culpa tuya... sí, eso sucedió. En verdad ese terremoto de pelo verde te ha robado el aliento... ¿y qué vas a hacer por impedirlo?
Cambié el peso de una pierna a la otra mientras la brisa que siempre nacía allí revolvía mis ropas.
Eso tenía fácil respuesta. No se puede hacer nada.
Me dispuse a sentarme, pero me fue imposible. Algo se colocó en mi cabeza y la fue impulsando ligeramente hacia delante, cada vez más y más. La voz estruendoas de Alicia rasgó mi calma y me obligó a escucharla en silencio. ¿Pensaba eso de verdad? ¿Por qué era tan obstinada? Carbón apareció tras un pedrusco y me observó con sus ojos grises inquebrantables. Al instante antes de que pudiera desconectar de lo que sucedía y apartar mis pensamientos de ella me zarandeó por los hombros, haciéndome casi perder el equilibrio. Pero bueno, era deliberadamente estúpida, cada vez estaba más convencido de ello. Conseguí hacer oídos sordos al pan nuestro de cada día y cuando pareció terminar aquella charla interminable, me agaché en el suelo desasiéndome de su contacto y recogí a mi gato tanto tiempo perdido. Me volví como si no la viera, dispuesto a marcharme, pero su presencia era imposible de pasar por alto. Así, simple y llanamente. Buscaba constantemente llamar la atención.... y había caído en mí quitarme esa responsabilidad tan pesada de encima.
-Dígame señorita Schwartz- mi vista la miró sin verla-, ¿por qué le resulta imposible quedarse sentada y dejarme en paz? ¿De verdad he llegado yo tanto a importarle? ¿Hasta el punto de querer sacrificar su vida por una causa irremediable? Puede abandonar- hice un gesto de desdén con la mano- ya dejé muy clara mi postura. No, yo no me hice daño a mí mismo. El día anterior le pedí disculpas simplemente por involucrarla en mis "juegos" de seducción. En un principio quise mantenerla apartada de mí, pero usted misma se resistió a ello. Bien, pues ha sido víctima de mi locura. ¿Quiere volver a serlo? Pues apártese de en medio.
Coloqué una mano en su hombro y la empujé levemente, indicándole que no quería tenerla cerca de mí. Ya había sido suficiente y no pensaba tolerar más que diera esos quebraderos a mi cabeza. Bastante tenía ya con buscar lo que necesitaba. El gato se removió en mis brazos y de un salto me arañó una mejilla. Abrí los ojos, sorprendido, mientras me llevaba una mano a la herida. Mi caminar se detuvo levemente, para luego volver a seguir.
-Puedes quedarte con ella, estúpido gato. Nadie hace un mínimo esfuerzo por comprender. Podéis perderos en el infierno, estúpidos- volví la cabeza ligeramente, con una mirada incendiaria que no aceptaba réplica alguna.
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MensajeTema: Re: El río del Castillo   El río del Castillo - Página 3 Icon_minitimeVie Ago 14, 2009 9:24 pm

Aquella chica, la del pelo color verde y los ojos violetas me tendió su propia chaqueta. Podría haberla rechazado, podría haberme negado a tocar algo que no fuese mío, pero en mi mente una imagen se repitió, como una evidencia. La había tocado con mi cuerpo semidesnudo, al caerme encima de ella. Un escalofrío me recorrió entera, un escalofrío que segundos más tarde, sabía, iba a paralizarle. Asique, agilizando los trámites, cogí la chaqueta y me la puse, sintiendo el olor profundamente femenino, un olor embriagador, que me envolvía. Aquello no era mío, pero ya daba igual. Y como pronostiqué, me levanté torpemente, dí un paso hacia ella porque sabía que posiblemente me cayese y me quedé inmóvil. El terror se apoderó de mí como las arañas se apoderan de sus presas. Envolviéndolas, atrayendolas hacia si... El terror por un contacto real, humano, peligroso, caliente, físico, me traspasó hasta dejarme completamente ausente. Me tambaleé, el cielo sobre mi cabeza giró como giraría un tiovivo de colores. Con música. Y la música, esa que irrita, que odias, que pides que se calle cuando todo tu mundo gira, se instaló en mis oidos. Su voz, otra vez, chillando, exigiendo cosas, echando en cara otras. Aquella voz sin alma, tan distinta a la que había escuchado momentos atrás... No veía demasiado, apenas cosas borrosas, asique opté por cerrar los ojos fuertemente y desear que todo pasase. Que pudiese moverme. Y entonces llegó la voz de él. Del chico de las estrellas. Y su réplica contra ella. Tan cerca ambos, tan... tan...
-C-Callaos...-mascullé, aún con los ojos cerrados, aún con el alma dolida. ¿Tenía que perseguirme aquellas situaciones hasta el fin del mundo? ¡El fin del mundo no existía, por eso estaba allí! Igual que el fin de mi vida. Ilusiones-. Callaos... Callaos. ¡Callaos!- susurré, cada vez más altos, aún sin poder moverme, temblando como una chiquilla cuando oye discutir a sus padres.
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MensajeTema: Re: El río del Castillo   El río del Castillo - Página 3 Icon_minitimeSáb Ago 15, 2009 4:22 am

Mantuve a duras penas el equilibrio cuando me dio aquel empujón no muy amable, pero mis botas se aferraron a la hierba con desesperación, y yo no caí, no obstante, me agaché llamando al gato que había rechazado los brazos de Galadriel. Y a pesar de estar mirándolo desde el suelo, no dejé de hacerlo con desafío y renovada determinación, con un fuego que extrañamente, a pesar de sus palabras, estaba empezando a recrear la integridad de mi brillante mirada, que poco a poco, adquiría una cohesión reforzada por mi cabezonería, por mi... por esa ansia insaciable de tragarme las sombras que oscurecían su pálido rostro, por ese deseo irrefrenable que ya no me veía capaz de manejar.
Iba a seguir insistiendo.
Iba a salvarlo.
Punto.
Basta de lágrimas y de lamentos, basta de miedos y de lamerse las heridas. Basta de clamar equilibrio o la mano de un hermano. Me alzaría como Alicia, me alzaría con todos los ideales de Alicia y con sus ambiciones más profundas. Alicia vencería. Alicia se alzaría y...
Levanté un dedo acusador, o más bien, un dedo que lo señalaba y le indicaba que él y sólo él sería quien recibiese todo el peso de mi condena, de mi pasión, de mi determinación, de todo cuanto... cuanto... ¿sentía? Así pues, mi victoria era innegable.
-Porque me resulta imposible, ¿hace falta que vuelva a exponer mis razones? -pregunté, y entonces, mi camino se desvió hacia paraderos desconocidos, más atrevidos, más imprevisibles que nunca. Porque iba a ser fuerte, porque Alicia nunca perdía, porque no volvería a derrumbarme cuando no tenía derecho a hacerlo, porque no podía hacerlo cuando era él quien quizás estuviese haciéndolo- Oh, señorito Devroeur, ¿y si le digo que sí? ¿Que me importa? ¿Que si voy a sacrificar mi paciencia, mi alma o hasta... -y no pude evitarlo ,vacilé, apenas un instante, pero vacilé al fin y al cabo, era... mucho decir de nuestro señor, pero... finalmente, lo dije- todo mi tiempo -y callé un momento, dejando que el silencio acompañara imponentemente mis palabras, concediéndoles una sinceridad y una fuerza acorde a mis sentimientos. Me mordí levemente el labio, pero nada más traicionó mi aparente tranquilidad. Y estirando mis brazos, cobijé con sumo cuidado a Carbón entre mis brazos. Luego, me alcé con todo el esplendor que mi cuerpo podía proporcionarme, volviendo a recolocar mi mirada en la suya, buscando arrasar con todas las murallas que había edificado con mentirosas piedras para mantenerme alejada- ¿Eh? Con esto... ¿Qué puedo hacer sino? ¿Abandonar? ¡¡No me hagas reír, Galadriel!! ¡No me menosprecies, deberías de saber ya que ese no es mi estilo! De todos modos, algo falla... La sal de tus lágrimas hace que esto chirríe. ¿Eso no es sufrir? -y entonces, me moví bruscamente, colocándome ante él- ¿Víctima de tu locura? No, desde luego que no... pero -y una mano rebelde huyó de mi regazo, alzándose al aire y... acercándose a él, no obstante, en un último momento, se retiró con violencia, reafirmando mi poder- Deja que tu locura sea mi víctima, déjame aniquilarla -y a pesar de la mirada bastante amenazante que nos dirigió, resistí y me mantuve- Ahora mismo, si me perdiera en el infierno, te encontraría a ti, ¿verdad, Galadriel? -pregunté, cerrando un momento los ojos- ¿Por qué no simplemente caminar hacia arriba o hacia el norte? ¿Por qué no...?
Pero algo me interrumpió, algo que provocó que ladeara sin cuidado la cabeza, visiblemente sorprendida ante la reacción de la chica que ostentaba mi chaqueta. ¿Qué estaba sucediendo? ¿En qué desierto me había perdido en el que los únicos oasis que despuntaban en el horizonte se veían corruptos de desesperación y palmeras resecas? ¿Le dolía algo? ¿Temía otra cosa? ¿Reclamaba atención? ¿Mi voz volvía a ser irritante? ¿Qué hacer? ¿Qué no hacer? Qué decir? ¿Cómo adivinar cuando era mejor callar?
-Callaré. Pero que tus palabras paguen mi silencio -pedí simple y llanamente-. ¿Qué sucede? -cuestioné sin más rodeos, dudando en si debía dar un paso adelante por ayudarla o...
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MensajeTema: Re: El río del Castillo   El río del Castillo - Página 3 Icon_minitimeSáb Ago 15, 2009 2:44 pm

Con un suspiro pesado me dejé caer en la hierba, con la mirada enterrada en el mar verde que ondeaba en un viento apenas existente. ¿Qué era lo que trataba de decirme ella? ¿Se sacrificaría por mí? ¿En serio?
Una sonrisa retorcida se extendió por mi rostro. Entonces C'iel comenzó a gritarnos que nos calláramos, que guardásemos perpetuo silencio.
-No te incumbe lo que está sucediendo, C'iel. Será mejor que te alejes cuanto puedas o luego terminarás tú introducida en una guerra que yo no empecé y que la señorita Schwartz está dispuesta a continuar en pie por mucho que raje mi interior y por mucho que termine destrozado. Día sí y día también. Sigo andando a trompicones, rezando con el alma no encontrármela por el camino, pero resulta imposible. Ella siempre está ahí para molestar, peor que tumbarse encima de un cardo- me llevé las manos a la cabeza. Me daba tumbos, chirriaba, dolía, rugía. Gemí quedamente, aumentando la presión de las manos. Cállate estúpida cabeza, cállate, cállate, cállate, no quiero oírte, no quiero oírte... ¡maldita sea! Apreté los dientes con fuerza mientras las lágrimas salpicaban mis ojos grisáceos y azules. ¿Arriba, abajo?
Pero era imposible retrasar por mucho más tiempo aquello que se resistía a abandonarme. Carbón se removió en los brazos de Alicia y maulló con ojos brillantes. Parecía llamarme, <<Galadriel, Galadriel, Galadriel...>> ¿Tú también? He sido yo quien te ha dado de comer, estúpido animal. He sido yo quien te ha tenido conmigo, he sido yo quien te ha ofrecido todo su amor y cariño; ¿y ahora lo desprecias rechazándome? ¿Qué te he hecho yo a ti? Respóndeme y hazlo concienzudamente, no te cueles por en medio intentando poner excusas viles y pobres que no sirven para nada, como las de la señorita Schwartz.
El felino pareció entender, pareció comprender cual grande había sido su pecado, porque se desvaneció de los brazos de Alicia para aparecer a mi lado nuevamente y restregarse contra mi pierna.
-¿Ahora... lo entiendes?- jadeé con esfuerzo. La vista se me emborronaba segundo sí, segundo también. Tenía una fuerte jaqueca, siempre las tenía cuando había algo que se escapaba a mi entendimiento, siempre... Carbón rozó con su lengua áspera mi brazo desnudo, intentando infundir ánimos, a su manera. Venga Galadriel, hazle esa pregunta que te quema vivo, hazle la pregunta que no te deja dormir, pregúntale aquello que te ronda la cabeza a cada instante, hazlo, hazlo...- ¿Quieres "salvarme" por la oscuridad que hay en mí o hay algo... más?- boqueé.
Maldito dolor de cabeza... Tenía que volver a mi habitación, tenía que volver a mi habitación... volver, acostarse, oscuridad...
Me levanté dando un banzado a cada lado mientras recogía a carbón del pellejo del pescuezo. El gato pesaba mucho pero en ese instante yo no parecía notarlo. Di unos pasos vacilantes... otro paso más... cada vez me parecía más y más lejano el castillo. Me pregunté en silencio si Alicia acudiría en mi ayuda o se limitaría a observar aquello que yo mismo me había buscado.
Las secuelas de aceptar lo inevitable. Lo que no se podía evitar.
Alcé una mirada desprotegida e infantil como sólo podía mostrar en mis días de debilidad extrema, donde no había consuelo ni cobijo para mí, donde todas las puertas se cerraban a mi paso, dejándome a merced de la tempestad que latía fuera, humedeciendo más mi corazón a medida que avanzaba. Sí, yo tenía dentro del pecho <<esa cosa>>. Lo sentía latir más rápido cuando Alicia se acercaba, cuando ella hacía amago de rozar mi marmóreo rostro, cuando insistía una y otra vez en que me salvaría de mi condena eterna. Pero ella no sabía... ella no sabía...
-Luego me regañarás...- afirmé en un susurro extraviado-... Mi padre me obligó... si no encuentro aquello que busco, moriré antes de los veinte años- alcé una mirada febril para clavarla en ella. En otras circustancias jamás le habría revelado aquella nota de mi pasado, pero en esos momentos sentía la urgencia de contarle el motivo oculto por el que la rechazaba, una y otra y otra y otra vez- Yo... Yo... el, el... el... <<Eso>> está aún muy lejos, el camino es muy difícil, lleno de peligros insoldables, de la Muerte acechando tras cada esquina, la luz está muy lejos... No quiero que mueras- sentencié por último, antes de caer de rodillas en la hierba. Me acababa de condenar como quien atrapa a un pájaro libre en una jaula y lo obliga a permanecer allí para siempre, matando poco a poco el espíritu del ave, marchitándolo cada instante.
Estúpido corazón.
-Buenas noches, Estrella- le confié en un susurro a C'iel-. Cuando tengo estas jaquecas mi conciencia no aguanta demasiado...- apoyé una mano en la hierba mientras intentaba respirar. El mareo rondaba peligrosamente cerca de mi garganta- Esto me sobrepasa- intenté bromear, sin éxito. Cerré los ojos un momento, queriendo dejarme llevar. Pero antes quería oír la respuesta de Alicia, por lo que volví a clavar aquella mirada muerta y febril en la suya cubierta de sentimientos, esperando que tomase la iniciativa y la palabra y que... oh, maldita sea. Debía estar realmente enfermo, porque por una vez quería tumbarmem en su regazo y olvidar. Olvidar... Olvidar que me quedaban cuatro años de vida. Tristes cuatro años donde el reloj de arena cada vez caía más y más. Lo saqué del interior de la blusa para observarlo, lacónico- Maldito reloj- farfullé, mi voz perdiéndose en la lejanía.


FdR: Ali Ali, no te enfades conmigo .//.
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MensajeTema: Re: El río del Castillo   El río del Castillo - Página 3 Icon_minitimeDom Ago 16, 2009 12:02 am

Y él empezó a alejarse... y yo... yo ni siquiera necesité pensarlo. ¿Por qué? ¡Qué simple! ¡Cuando la mente ya había quedado aplastada bajo la avalancha de nieve cálida y bien cuajada! ¡Nieve condensada con la pasión del sentimiento! ¡Nieve alimentada con el agua de las lágrimas y la de las lluvias que daban de beber a las plantas que llegarían en primavera! ¡La cruel lógica había cedido el paso al desventurado instinto, a su vez, guiado por una marea amorfa e indescriptible de emoción!
Sí, no necesité pensarlo, por eso mis piernas se movieron bajo las telas de mi vestido, se movieron paso a paso, a un velocidad que luchaba por retenerlo cerca de mí. Seguí corriendo hasta él, tan sólo frenando levemente a cada palabra, cada revelación, cada cavilación de mi mente que atrasaba el trabajo de mis músculos y huesos. Sí, me quedé varias veces aturdida, pero en mi tambaleo, me mantuve erguida, porque no podía caer.
¡NO TENÍA DERECHO A DERRUMBARME!
Cayó de rodillas, y estaba... tan... tan... tan indefenso.
Oh, Galadriel...
Galadriel, pobre muchacho asustado, de una blancura que nunca debería haber sido inmiscuida con las sombras de este siglo. Galadriel, diablos, Galadriel, Galadriel...
-Galadriel -musité, sin perder tiempo, tan sólo... tan sólo... dejándome caer a su lado y tirándome a su cuello, abrazándolo con fuerza, lista para defenderme de su resistencia, de su dolor, de... todo. Lista para defenderlo de él mismo y de todo cuanto lo rodeaba.
Lo envolví con toda mi aura, mis brazos y mis manos, lo envolví de tal forma que acobijé su cabeza bajo mi cuello, enredando mis dedos en su cabello, atándolo firmemente a mí, como una barca perdida que por fin podía pararse en el primer embarcadero que había visto bajo la niebla.
-Hay mucho más... Y habrá mucho más, más allá de la muerte... -enterré mi nariz en su pelo, colocando mi boca al lado de su oído- No temas. Ya te tengo.
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MensajeTema: Re: El río del Castillo   El río del Castillo - Página 3 Icon_minitimeMar Ago 18, 2009 4:56 pm

Ellos parecían enfrascados en algo que yo no terminaba de comprender. En un juego de palabras, de intenciones, de mentiras y verdades. Y yo estaba fuera. Hubiera intentado irme si mi terror no me hubiese paralizado. Empecé a boquear, mientras intentaba tomar aire. Más gritos, más... ¿Schwartz? Y más... ¿Galadriel? ¿Se llamaba así aquel chico? ¿El de las lágrimas? Pero entonces mi alrededor giró y finalmente, todo lo que arrastraba de días atrás, mis heridas húmedas y quizá sucias, mi cansancio, las emociones y mi miedo hicieron caerme como un animal herido de rodillas. Y aún así tuve que apoyar las manos en el suelo, fijarme en un punto del suelo verdoso y tratar de respirar rítmicamente. Tenía que conseguirlo. Tenía que... conseguirlo. Quizá quería llorar, quizá queria estallar, quizá queria romper con todo, quizá es que las emociones y las tensiones golpeaban las paredes de mi alma, de mi aguante, de mi interior, del contenedor que me contenía. Sentí como las cosas se distorsionaban, sentí como mi propio cuerpo se expandía como la expansión de una supernova tras haber estallado. Quizá el ejemplo era muy preciso porque entonces cerré los ojos y el todo.

Pese a la otra voluntad que residía en el cuerpo de la joven, la estructura de C'iel volvió a cambiar. Lentamente, en aquella posición, el cabello empezó a aclararse hasta convertirse en un color blanco puro, purísimo. Su longuitud creció, cayó a ambos lados de sus hombros y tocó el suelo, amenazante. Sus hombros temblaron y el cuerpo de la joven C'iel cambió a otro algo más maduro. Más femenino. Más arrogante. Menos dulce.
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MensajeTema: Re: El río del Castillo   El río del Castillo - Página 3 Icon_minitimeSáb Ago 22, 2009 10:25 pm


Sabía perfectamente que mi cabeza no estaba en las condiciones adecuadas, y que en otros instantes me habría apartado, o habría reprimido los impulsos de introducirla dentro de mí. Inspiré hondo. Todo lo que se retrasa, algún día ha de llegar.
Y cuando menos lo esperaba, Alicia se arrojó a mi lado y me abrazó, cortándome la respiración y robándome el tan preciado aliento para ella. Era egoísta... sí... pero también tenía un <<algo>> indiscriptible, que había profundizado un surco justamente donde estaba el pectoral izquierdo... en su interior y bien resguardado mi corazón vulnerable del niño que un día fui y que aún sigo siendo.
-Quiero...- conforme lo decía me desasía de su abrazo y apoyaba la cabeza en su cálido regazo, donde había soñado infinitas veces que me recostaba allí y ella me mesaba el pelo mientras se escuchaba el crujir de las hojas de la copa del árbol- Quiero dormir...- mi mirada se nubló. Pero no, no debía quedarme inconsciente, no... primero debía hacer una cosa... primero... Alcé una mano para acaparar la mejilla de Alicia en ella, ocurrente al tacto. Maravillado por el pequeño mundo que se me había mostrado estuve dispuesto a hundir las manos para explorarlo concienzudamente... Vamos Galadriel... es sólo un pequeño salto. Un pequeño salto que tú puedes salvar aunque seas pionero y jamás lo hayas hecho... después puedes rendirte y dejar que ella vele tu sueño... ¿No eres tan valiente como has afirmado cientos de veces? Una sonrisa cansada apareció en mi rostro. <<No, yo no soy valiente>> me contesté a mí mismo. Abri los ojos pesadamente para bucear en la mirada violácea de ella... buscando el valor y los ánimos necesarios para decir aquello que me quemaba a cada paso que daba, a cada palabra que le dedicaba- La amo, señorita Schwartz.
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MensajeTema: Re: El río del Castillo   El río del Castillo - Página 3 Icon_minitimeMiér Ago 26, 2009 8:14 pm

Abrí de nuevo los ojos por segunda vez en menos de dos días. ¿Que se suponía que estaba pasando? ¿Quién había sido el estúpido que había quebrado las defensas de la débil C'iel? Sentía como, todavía el cuerpo herido que tenía la maldición de compartir, temblaba de miedo. Y el miedo no era algo que yo soportase. El miedo era algo que no podía permitir en las emociones de mi joven hermana. El miedo era... era nuestro tabú. Y alguien lo había roto. Alguien que ahora mismo estaba ajena a todo aquel dolor, a aquel terror que había paralizado su respiración y su vida. Estaba enfrascada en un momento desmasiado dulce, demasiado... Asqueroso. Entorné los ojos, mi cuerpo se tensó, expulsé de mi alma las emociones de mi hermana y me erguí cuan alta era. Los ojos... mi mirada, ¿expresaría todo mi odio? ¿Todo mi rencor?
-Estúpida-mascullé, mientras avanzaba lentamente hacia aquella chica tirada en el suelo. Aquel ser que me parecía patético a los pies de otro que parecía desfallecido. Seres débiles. Aún más débiles que C'iel.
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MensajeTema: Re: El río del Castillo   El río del Castillo - Página 3 Icon_minitimeSáb Ago 29, 2009 4:24 pm

Parecía que… parecía que estaba logrando manejar un mínimo de aquella situación. Negué con la cabeza en cuanto ese pensamiento pasó por mi cabeza, y tuve que reprimirme duramente para no esbozar una sonrisilla sarcástica. Yo no necesitaba mentiras piadosas para tranquilizarme, no, para mí, era más que suficiente plantarme ante las narices del dragón, y desde allí, rugir, sacar las zarpas y devorar el problema. Y en aquel momento, yo seguía en mis treces, decidida a no dejarme vencer por ese torrente de sensaciones que luchaba por desestabilizarme, romper mi cordura. No tenía derecho a caer, después de todo… pues ahora, era yo quien debía alzarse para frenar el paso de las lluvias ácidas. Yo quien debía ponerse en pie como muralla, y proteger, dar cobijo, ser la fuerte figura a la que agarrarse. Sí, no tenía derecho a tirarme al suelo de la derrota y el descanso. A lo mejor seguir enfrentándome a mis propios sentimientos iba a resultar difícil y de lo más doloroso, pero…
Yo nunca huía. Y hoy no iba a ser el primer día que lo hiciera. Por mucho… por mucho que me estremeciera ante su contacto, por mucho que la emoción era tan fuerte, tan arrolladora que hasta dolía… por mucho que todo, seguiría estrechando a Galadriel entre sus brazos…
A menos que fuera él quien se desprendiese de mis brazos. Entreabrí la boca para empezar a hablar, no obstante, él se colocó a su gusto junto a mí, acomodando su cabeza en mi regazo.
Estaba… agotado, hasta quizás febril… un niño indefenso, a la merced del atormentador trueno de la más negra noche de tormenta. Peiné el níveo flequillo con dos dedos, rozando etéreamente su frente, con miedo a quemarlo con mi tacto demasiado ardiente. Cerré la boca, por precaución, limitándome a acariciar una y otra vez sus hebras claras, con miedo a que por mis labios escapase todo el fuego y la pasión que llevaba acumulados, todo el fuego que seguía quemándome las entrañas, y que quizás… también pudiese llegar a quemar a Galadriel… y yo, eso no podía permitírmelo tampoco. Así que, intenté controlarme, me mantuve en calma, buscando calmarlo a él también, buscando… seguir en aquella postura, nada desagradable. Más bien, demasiado agradable.
Ay, diablos… me estaba equivocando, y me di cuenta de ello, más que nunca, cuando un estremecedor tacto tocó mi mejilla, acunándola con delicadeza.
¿Qué…?
Incontrolable, mis mejillas adoptaron un nuevo rubor, apenas un esbozo de rosa más inocente que intenso. Mas… cuando él habló, todo el color adquirido se desvaneció en la nada, llevándose a mi sangre con él. Pálida como una muerta, abrí mis ojos de par en par, completamente… completamente… fuera de mí.
Y quizás lo habría soltado, y quizás habría sacudido la cabeza como una enferma, negándome a escucharlo, quizás, quizás y quizás… sí, muchas cosas podrían haber ocurrido, si no fuera por el hecho de que no podía moverme, de que… mis ojos miraban en una única dirección, incapaces de desviarse.
Sus ojos.
Tan apagados por el cansancio, pero… tan… tan… más suyos que nunca.
Verdaderos.
-Galadriel –musité, transmitiendo en cada sílaba el más hermoso dolor que pudiera existir. Transmitiendo a mi pesar, cuando grande era mi encanto… a pesar de ser tan proporcional a la agonía que no cesaba de calcinarme. Transmitiendo… quizás, un amor encerrado entre rejas, uno que yo creía destructivo, maligno y letal. Un amor reencarnado en el más dulce de los venenos, agradable al gusto… infernal para el resto. Agradable para mí, seguramente, el calvario para él… Fijo.
-Galadriel, no… -y a pesar de lo que iba a decir, dejando atrás el flujo de pensamientos, me dejé llevar por la sangre bombeada directamente desde mi corazón, ese río sin cauce que me llevó a encogerme sobre mí misma, acercando el rostro de Galadriel al mío- no, no, no, no… -seguí agachándome, hasta que mis brazos enlazaron al chico por la nuca, atrayéndolo lentamente hacia mi persona. Mi cabeza también siguió descendiendo, y sin poder aguantar el poder de su mirada, había escondido la mía tras mi flequillo, cerrando los ojos con fuerza, rechinando los dientes para no gritar- te lo dije, ama, ama, ama… no me ames a mí, no a mí, no… oh, dios, no… -gemí, mientras mis dedos se enredaban en su cabello, y ahora mi rostro… a penas quedase a un par de centímetros del suyo. Centímetros cargados de tensión, deseo y un peligro sin par. Centímetros que me permitían tener su aliento en mi cara- no… no sigas sufriendo, no lo hagas… a mi lado, no sufras, Galadriel, no sufras, por favor… no sufras más –musité, casi vencida. Pero ese casi sería mi salvación- yo no quiero que lo hagas más, yo quiero… quiero… -me quedé sin aire, y… sin poder remediarlo, mi rostro cayó en un descenso lento, como si fuerzas, como sin más rebeldía… mis labios ya no lucharon por ir a contracorriente, no… simplemente…
Lo besaron. Suavemente, se posaron, sin molestar, se mantuvieron, y sin valor… volvieron a esconderse.
-Galadriel… -murmuré por lo bajo, abrazándolo con fuerza, sin dignarme a soltarlo por las tierras de aquel triste mundo. Eso, a pesar de ser consciente de que yo era más triste que dicho mundo.
Pero… dolía tanto. Tanto.
-Quiero…
Dilo. Dilo. Dilo.
Mis labios se curvaron en una silenciosa palabra, cargada de arrepentimiento, sinceridad y mucho amor. Mas… nada salió de su boca, algo logró interrumpirla.
-Estúpida –eso fue lo que escuché, eso fue lo que me hizo alzar la cabeza con irritación, sorpresa y… una desconfianza mucho más que instintiva cuando comprobé quién era la que me había hablado. Aunque, realmente, no supiera quien era.
Sin embargo, lo tenía bien claro. Fuera la persona que fuese, mi cuerpo me pedía alejarme. Demasiado oscura, demasiado opaca. La luz no pasaba a través de ella, y eso… eso me alertaba.
Retrocedí, acobijando más que nunca a Galadriel en mis brazos. Pero no me alejé con miedo ni con respeto, no… tan sólo aumenté la distancia para dejarle claro que no se acercara, que respetara mis límites.
Aquella figura bien podía ser peligrosa.
-¿Quién eres… qué eres?
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MensajeTema: Re: El río del Castillo   El río del Castillo - Página 3 Icon_minitimeSáb Ago 29, 2009 5:28 pm

Ella... Ella seguía allí, tirada en el suelo, con aquel niño de cabello blanco en su regazo. Y ella, ella sin darse cuenta de nada. Ella, tan egoísta, tan suya. Tan estúpida. Aquella palabra martilleaba la cabeza, haciendome despertar emociones que creía dormidas. Creía que eran de un pasado donde mis manos no eran del color de mi piel. Si no de otro, de otro más escarlata. Un color que no se iba, ni con agua, ni con lejía. Porque aquel color estaba en mi alma, y se reflejaba en mis manos. De pronto, empecé a ver como mis manos se tintaba, como mi corazón se endurecían y como me embargaba una sensación de venganza. Una sensación de indiferencia ante un alma humana.
Y mis pies seguían avanzando hacia ella, sin atender al hecho de que se había alejado unos pasos de mí. Rápidamente cubrí la distancia que nos separaba. Rápidamente llegué hasta la estúpida chica de pelo verde. Rápidamente, mi mano -bajo mi mirada- escarlata, agarró su pelo y la obligó a levantarse.
-Has errado-dije, con voz gélida, mientras mis ojos verdes se clavaban como dagas en los suyos violetas. Mientras mi rostro se torcía en una mueca de indiferencia y odio-. Soy...-susurré, mientras notaba que una carcajada subía por mi garganta. Reí, reí sonoramente, reí con maldad-. ¿Quien soy?
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MensajeTema: Re: El río del Castillo   El río del Castillo - Página 3 Icon_minitimeDom Ago 30, 2009 2:05 am

Tsk, me despisté, y quizás eso fuese a costarme mi cuello.
Rechinando mis dientes a morir para no soltar una queja ante el fogonazo de dolor que sacudió mi cabeza, seguí esforzándome por desasirme de ese agarre tan molesto y humillante. Con ambas manos firmes, las cerré alrededor de su muñeca... mientras, mis ojos le devolvieron la mirada.
Una mirada cargada de avertencia, de una burlona amenaza que avisaba temerariamente de lo colosal que eran mis defensas.
-Recemos para que te dés cuenta por ti misma que apartar tu mano de mí será lo más adecuado. No quisiera decírtelo... a mí manera -comenté, con mis manos cerrándose todavía más sobre la carne de su muñeca. Me preguntaba si ya conocería el flagelante tacto de mis uñas. En contra de mi arrogante voluntad, esperé que sí.
Y sin dignarme en moverme, volví a hablarle. Ella se encargaría de apartarse de mi camino, yo no malgastaría ni humor ni fuerzas.
-Basta de acertijos, aprende a hablar con franqueza y no detrás de ese muro de sombras cambiantes -le espeté, frunciendo el ceño, con una mirada cada vez más afilada- ¿Quién eres? Bueno, realmente, no me importa demasiado, sé que eres alguien a quien no deseo mantener a mi lado, la lejanía será lo mejor, el olvido, también, sin embargo... ¿En qué erré contigo?
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MensajeTema: Re: El río del Castillo   El río del Castillo - Página 3 Icon_minitimeDom Ago 30, 2009 2:16 am

La mano de aquello que tenía agarrado entre mis manos, se estrechó alrededor de mi muñeca. Clavando sus afiladas uñas, intentando infligirme dolor para... ¿Que la soltase? La risa que antes había esbozado, ascendió en el aire cuando mi boca se cerró, al escuchar sus comentarios.
-Reza al dios que quieras. No va a escucharte-dije, con dureza. Dios no podía existir por que si no, jamás hubiera acabado de aquel modo en aquel castillo. Toda nuestra historia no hubiese sucedido, y no hubiemos tenido que sacrificar tantas cosas. Notaba sus evidentes muestras de que me alejase de ella, era como la tormenta antes de la tempestad.
-Despreciable-dije, y mientras mascullaba aquella palabra, tiré del pelo que tenía agarrado para soltarla lejos de mí, con adversión. Sin dejar de mirarla con aquellos sentimientos que encontraba dentro de mí. Si fuera por mi voluntad, mataría a aquella tal Schwartz de los recuerdos de C'iel, pero mi hermana tendría consecuencias. Demasiadas... ¿No quería que ella empezase una nueva vida? Matando aquello que estaba ante mí, solo conseguiría volver a las andadas. Cerré los puños y me mantuve impasible, intentando controlar mis emociones.-Despreciable y egoista. No vuelvas a tocar a C'iel si no vas a cargar con el peso de ese acto, estúpida. Y quédate con mi nombre porque volverás a oirlo. Y a verme. Millenium. Milenio. Como el que entra. Eterna, como el tiempo.
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MensajeTema: Re: El río del Castillo   El río del Castillo - Página 3 Icon_minitimeDom Ago 30, 2009 11:32 pm



Es probable que alguna vez os hayan dicho que estás viajando en el andén de las estaciones. No tiene piedad, viaja de mundo en mundo, de realidad en realidad, sumiéndote en un profundo sueño del que no puedes escapar. Permaneces encadenado durante siglos y siglos, hasta que él, el maquinista decide liberarte de tu condena depositando sobre tus hombros un peso que no puedes desvanecer. Pero yo ya me había cansado de todo aquello. No quería más grilletes, no quería más encarcelamientos.
Noté un tirón... después algo ardiente rozó mis helados labios. Estaba seguro de qué era aquello..., mas me fue imposible abrir los ojos azules para contemplar al bello ángel y mucho menos poder corresponder a aquel tacto que ya no provocaba sentimiento alguno de repulsa contrajendo mi estómago. Después alguien me dejó de mala manera en el suelo. ¿Qué está pasando, Alicia?
Las voces resultaban imperceptibles ya, llegaban sin sentido y se diluían con una facilidad que dejaba perplejo. No, yo quería retenerlas, quería escucharlas, ¡quería ser partícipe de todo cuanto estaba sucediendo! ¡No es momento para desmayarse! ¡Alicia! ¡Alicia! ¡¿Qué está sucediendo?! Las palabras al fin estimularon mi mente. Pude captarlas. Pude tocarlas. Pude sentirlas. Y el sonido que chirriaba tras ella resultaba de todo menos agradable. Era una voz desconocida para mí... una voz que profesaba maldad, que tan sólo con alzarla varias octavas te cavaba una cancha para sepultarte bajo la tierra. Alicia gemía. Le hacían daño. No pensaba permitirlo. ¡No pensaba permitirlo! !!ESTOY VIVO, MALDITA SEA!!
El cuerpo respondió, la cabeza no.
Inconscientemente, mi corazón guió los actos que mi conciencia había negado en un pasado. Me arrastré por el suelo como podría hacerlo una culebra vil y humillada. Cubierto de sombras y seguro de que nadie había percibido que la figura inmóvil del suelo había desaparecido; me alcé. Levanté mi mástil. El velero eterno que siempre surcará los mares buscando su luz. Una luz que ya había encontrado. Mi guía. Mi faro.
Algó me empujó a abrir los ojos. Mi mente seguía ausente. No era capaz de dar órdenes al cuerpo. Entonces, ¿cómo me estaba moviendo? Y vi la escena. Una repulsiva. Había alguien que aferraba fuertemente el cabello a Alicia. Y la estaba dañando, estaba oscurenciendo mi luz. Como carcelero y protector, no pensaba permitirlo. Me enseñaron que a las mujeres no se les pega. Ella no parece una fémina. Tan siquiera parece humana. ¿Qué es, pues?
Me acerqué lentamente y agazapándome, febril, esperé durante unos segundos para cerciorarme de que no había perdido el factor sorpresa. Que no lo había hecho. Veloz y rápido alcé la pierna derecha que dirigí trazando la bonita trayectoria de un arco hacia su cara, descendiendo más el cuerpo hacia el suelo para poder alcanzar la altura y velocidad necesaria. Esperé que impactara contra su blanco tal y cómo había esperado.
-Copo de nieve manchado- escupí sin ningún preámbulo. Aquella voz no era mía. Grave y profunda... era... era la voz de mi padre. ¿Me había convertido acaso en aquello que tanto había odiado durante años? En mi... ¿en la sombra de lo que era mi padre? ... Aquella también era su manera de hablar. ¿Qué estaba sucediendo? Tan siquiera era capaz de dominar mis actos... actuaba el cuerpo solo y por propia voluntad.
¿Pero qué diablos...?
Mi voluntad se tambaleó ligeramente al toparse con su mirada profunda y oscura. Me recordaba demasiado a... no... no... pero...
-Qué poco valor que tiene la nieve sucia- deposité la pierna en el suelo girando el cuerpo hacia la izquierda y disparar otra nueva patada con el miembro oblicuo, rotando sobre mí mismo, de espaldas. Tenía la certeza de que acertaría y que soltaría a Alicia. Cuestión de vida... ¿cuestión de muerte? Qué más da eso.
Junto a mi pecho, un colgante centelleante salió a la luz. Con la forma de un reloj de arena. No tuve tiempo de darme cuenta de mi fallo. Mi punto débil salía a la vista.
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MensajeTema: Re: El río del Castillo   El río del Castillo - Página 3 Icon_minitimeLun Ago 31, 2009 1:59 pm

Mientras soltaba a Schwartz lejos de mí, pude ver por el rabillo del ojo como aquel bulto pequeño y roto se levantaba. Para enfrentarme. Para encararme. Para demostrarme aun más su estupidez. Su gran, patética y bien ganada estupidez. Empezaba a preocuparme, ¿es que no había valores en aquel Castillo? Y yo que pensaba que pecaba demasiado... Quise volver a reir, pero me contuve. Sobre todo cuando, al girarme hacia él, una patada que sin duda iba dirigida a mi rostro impactó contra mi hombro. Aquel golpe me hizo retroceder unos pasos. Apenas tardé unas milésimas en recuperarme y para entonces tuve tiempo de esquivar la segunda afrenta. Le miré durante unos breves instantes, mientras cerraba los ojos para encontrar recuerdos en el alma de C'iel. Y los encontré. Y esbocé una media sonrisa maquiavélica, mientras me enfrentaba también contra lo que parecía ser... Un cuerpo desprovisto de conciencia. Me di cuenta cuando, al mirar sus ojos, los encontré vacíos, carentes de emoción y vida. Entonces un resplandor dorado atrajo mi atención. Provenía del colgante que llevaba al cuello aquel chico. Me acerqué unos pasos a él, y le agarré del collar, alzandole la cara agarrándole la barbilla, intentando encontrar en él, un mínimo de razón. Cuando me di cuenta de lo que tenía en la mano, la curiosidad me pudo. ¿Un pequeño reloj de arena?
-Oh, oh, Galadriel - comenté, con sorna-. ¿Las damas son débiles quizá? ¿Asi valoras a tu querida Schwartz? ¿No es suficiente mujer para enfrentarse a mí? Já, la defensa del prójimo es muy valerosa... para los niñatos. En el mundo de los grandes la ingenuidad se paga con el castigo. Acabas de deshonrarla. Le has hecho perder, a mis ojos... lo único que le quedaba - le solté la cara, pero aún aferrado el colgante en mi mano-. Sin embargo, tú nunca tuviste nada.
Entonces tiré del colgante que Galadriel llevaba prendido del cuello. De aquel ser de pelo níveo -como el mío- y ojos de un extraño color azul sin vida... Aquel cuyas lágrimas se convertían en ríos de preguntas en los recuerdos de mi hermana. Cuando quise darme cuenta, los eslabones de la cadena estaban rotos, y el reloj de arena reposaba en mi mano, con la larga cadena meciéndose al viento. Miré a Galadriel, entornando los ojos.
-Y, dime, tú que observas las estrellas... Las estrellas como granos de arena. ¿Que ocurriría si el recipiente se rompiese?-cerré la mano con fuerza, mientras apretaba el cristal en mi palma, aún sin llegar a romperlo, pero quizá con esa intención. La curiosidad era dueña ahora de mi atención.
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MensajeTema: Re: El río del Castillo   El río del Castillo - Página 3 Icon_minitimeLun Ago 31, 2009 2:22 pm



El grito fue involuntario y ensordecedor. Esta vez no era la voz de mi padre, era la mía propia, aguda e irritante que se alzaba a lo largo de todo el río colmado de desesperación. El corazón me latía en las sienes y aunque era incapaz de recapacitar y volver a mi estado de conciencia fría, me di cuenta de cuán grande había sido mi error. Ella ya debería haber notado que el colgante era más importante para mí de lo que en un principio había querido dar a entender. Y probablemente, lo alejase lejos, al lecho del río o simplemente, contra la tierra.
Di dos pasos al frente con una mano extendida hacia el colgante. Al instante me pesó demasiado el miembro como para poder seguir reteniéndolo en el aire.
Eres un imbécil- la oscura voz de mi padre en mi mente provocó un escalofrío que descendió por toda mi espalda. Las palabras de ella había tenido un sentido vago una vez pronunciadas-Ahora morirás antes de lo acordado... eres un inútil, ¡un inútil! ¡Tú no eres mi hijo!
Todo me daba vueltas. El instinto me pedía que suplicase por mi vida, la razón, que intentase remendar mi error. El corazón me dictaba una otra salida. Inverosímil, imposible. Pero debía intentarlo.
Algo de raciocinio volvió a mi mente acoplándose a los violentos impulsos que hacían moverse mi cuerpo sin que yo dictase mera orden alguna. Corrí hacia ella, hacia la mano que sostenía, hacia el reloj de arena. Una única cruzada y una lejana quimera. ¿Lo lograría? Una mano voló directa a su largo cabello blanco, mientras que la otra se dirigía con desesperación a mi vida encarcelada. El reloj de arena salió despedido y giró en el aire durante unos segundos.
Todo había dejado de moverse. El oxígeno no atenazaba mis pulmones, lo único que oía era el corazón retumbarme en la cabeza de una manera insana. No llegaría a tiempo. No podría cogerlo.
Mientras corría hacia él en una carrera sin sentido, sintiendo que mis piernas no iban lo suficientemente rápido, que mi organismo no funcionaba como debería, que moriría en el acto si aquella cosa de cristal tocaba el suelo.
Las yemas de los dedos rozaron el frío objeto segundos antes de que impactase contra el suelo.
Mi esperanza se hizo añicos. La fuerza me abandonó.
Caí al suelo repentinamente, sin poder moverme. Quizá nunca más. Los ojos fríos y sin vida, ausentes, siguieron clavados en la maleza... para... toda la... ¿eternidad?
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MensajeTema: Re: El río del Castillo   El río del Castillo - Página 3 Icon_minitimeMiér Sep 02, 2009 4:57 pm

Aquellos sucesos pasaron demasiado rápido. Tan rápido que apenas me dejaron entenderlos. La cadena que descansaba en mi mano, saltó en el aire cuando el chico de la mirada vacía, Galadriel, me agarró el pelo. Aquel contacto me distrajo y el reloj de arena, escapó a mi control. Giró por el espacio y a mis ojos, ocurrió a cámara lenta. Luego, él se tiró al suelo, a recogerlo, como si le fuese la vida en ello... E, irónicamente, quizá mi pensamiento no estuviese completamente desencaminado, porque cuando el cristal tocó el suelo y la parte inferior estalló en mil pedazos, como si un piano tocase notas hermosas pero crueles, Galadriel cayó al suelo, inconsciente. Sabía, de mi experiencia, que el chico estaba muerto. Muerto como tantos otros. La muerte había llegado a las puertas de "la nueva vida" y era a mí a quien había encontrado. Como siempre lo había hecho. ¿Como siempre lo haría?
Pero entonces, noté como algo en mi interior se rebelaba. Supe que era C'iel, pero no conseguí controlarla. De algún modo estaba tomando más poder dentro de mí, estaba... reclamando su derecho a ver el mundo. Maldita adolescencia, me dije. Traté de luchar contra el sopor que estaba acusando mi cuerpo, pero de algún modo no podía... su voluntad era mucho más fuerte que la mía, arrepentida y por primera vez, culpable, de lo que había hecho. Porque sería ella, mi Dulce hermana, quien tuviese que cargar con el peso de todo aquello...

El cuerpo de Millenium sufrió varias convulsiones. El pelo pareció ascender por su espalda hasta tocar la cintura, cambiando de color a otro más oscuro, pero más cálido... Bajo los párpados, una actividad frenética demostraba que su interior estaba teniendo una pequeña lucha interna de la que, al parecer, ganó un cuerpo más joven, con una conciencia más inocente. C'iel.

Abrí los ojos y los últimos recuerdos asaltaron mi mente. Recuerdos que no entendía, recuerdos que no me pertenecían... Por primera vez en mi vida, había hecho daño a alguien. Había... segado una vida. Lo sabía porque todavía notaba el tacto frío de la cadena en mi mano, de como se lo había arrancadoa al chico del río y de los cabellos fríos, y de como este, me había agarrado del pelo para conseguirlo de nuevo... Aquello hizo que mi mente se plantease muchas pregunas. Y mi alma quisiese llorar. ¿Por qué aquel que me había ayudado, me había agarrado el pelo tan posesivamente? ¿Por qué le había arrancado su... colgante? ¿Su vida? La respues que me dio mi mente fué sencilla. Había perdido el equilibrio y, al caerme, era lo que había agarrado... Él había vuelto a ayudarme, había vuelto a salvarme y a cambio, yo le había quitado la vida... Me acerqué a su cuerpo, anonadada, culpable, herida... Recogí la parte que quedaba del reloj de arena, pasé la cadena alrededor de mi cuello y allí empezó a brillar con la luz del sol. La parte superior que quedaba. Me arrodillé junto al angelito que había visto, intenté tocarle la boca, intenté tocarle el pelo, el cuerpo, lo que fuese... Pero una fuerza superior a mí me impedía hacerlo. La culpabilidad. Me levanté sin poder soportarlo más, y eché a correr, intentando retomar la consciencia de mí misma.
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